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Los hijos y las emociones

Actualizado: 10 de abr de 2018

"Del mismo modo que no puedes respirar por otra persona, no puedes vivir por ella. Suelta sus cargas, acompáñale en su proceso, se faro y referente para ella, pero conéctale con su guía, su propio maestro interior y anímale fomentando su actitud hacia el SI PUEDO."

  

(Conchi Montero)




Las bases de la vida de una persona se originan en la edad infantil. Los padres, hermanos mayores o cuidadores son sus referentes y la imagen que tengan de ellos, de una forma inconsciente, está condicionando su vida ya que, cuando son pequeños, quieren parecerse a sus progenitores y si no lo consiguen podrían sentirse frustrados, como si no perteneciesen al clan familiar.


No permitas que tus hijos te vean como un súper héroe. Muéstrate como realmente eres, lo más sincero y cercano posible.

Enséñales que hay que aceptar y amar las emociones que sientan, que no las repriman y causen bloqueos en sus cuerpos energéticos.


Dirígeles a que sean auténticos, a valorarse e intentar “sacar a la luz” su mejor versión.


Es importante anteponer sus sentimientos, a lo que creen que se espera de ellos. Esa es una carga que suele surgir en la adolescencia por miedo a decepcionar.

Durante generaciones, las creencias limitantes que se han sostenido definían a una persona sensible como débil. Cuando una persona lloraba se le consideraba blanda, y aún estaba peor visto si era un varón. Desde pequeño se le decían frases como “domina tus emociones”, “los niños no lloran”, o “no tienes derecho a estar enfadado”. Con todo esto lo que se conseguía era que el niño reprimiese la expresión de la emotividad, considerando débiles a los que mostraban su parte sensible. Al negarle su derecho a sentir, daba como consecuencia un bloqueo en el segundo chakra y si no sabemos qué sentimos, no sabemos qué deseamos, originando un efecto dominó de interrupción de la energía en el 4º y 6º chakra para crear nuestras realidades de una forma consciente.


El niño debe sentirse acompañado en su desarrollo, fomentando sus capacidades y alentándole si algo no sucede como el espera. Según vaya creciendo, hay que dejarle que vaya tomando sus propias decisiones. Esta actitud influirá de una forma positiva en su crecimiento en todos los aspectos de la vida y contribuirá a formarse como un individuo autosuficiente y seguro.


Fotos:


Blake Meyer en Unsplash

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