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¿Eres una persona resiliente?

Actualizado: 10 de abr de 2018

Muchas veces la vida nos pone a prueba. Nos vemos implicados en situaciones difíciles: la suspensión de un trabajo, problemas económicos, ruptura en las relaciones, el duelo por la muerte de algún ser querido… todo ello nos lleva a forjar una personalidad determinada. Si eres de las personas que no se dejan vencer y que por el contrario, salen fortalecidas de estas situaciones, entonces eres una persona resiliente.



Estas personas al encontrarse al borde del abismo, han dado lo mejor de sí y han desarrollado las habilidades necesarias para enfrentar los diferentes retos de la vida. Para ellas el mundo es un lugar de aprendizaje y experimental, que les da la oportunidad de crecimiento. La resiliencia siempre les hace reflexionar sobre nuestras creencias y principios. Por ello son personas que están en una continua evolución y mirando de una forma positiva y optimista hacia el futuro.  

La resiliencia no es una cualidad innata, no está impresa en nuestros genes, es algo que todos podemos desarrollar a lo largo de la vida. Hay personas que son resilientes porque han tenido en sus padres o en alguien cercano un modelo de resiliencia a seguir, mientras que otras han encontrado el camino por sí solas.  


No emiten juicios acerca de la conducta de los demás


¿QUÉ CARACTERIZA A UNA PERSONA RESILIENTE?


Siempre se posicionan en la parte positiva de cada situación.  Las situaciones en sí no son ni buenas ni malas, nosotros las percibimos como tal, dependiendo, entre otras cosas, de nuestro estado anímico, sin olvidar que absolutamente todas son atraídas por nuestra vibración.

  1. Confían en sus capacidades. Son personas muy conocedoras tanto de sus potenciales, como de sus debilidades, aceptando ambas pero enfocándose en fomentar aquellas actitudes que puedan mejorar su día a día.

  2. Practican el mindfulness . Las personas resilientes tienen el hábito de estar plenamente presentes, de vivir en el aquí y ahora Para estas personas el pasado forma parte del ayer y no es una fuente de culpabilidad, mientras que el futuro no les aturde con su cuota de incertidumbre y preocupaciones. Son capaces de aceptar las experiencias tal y como se presentan e intentan sacarles el mayor provecho.

  3. Son flexibles ante los cambios. Una persona resiliente tiene una autoimagen clara. La autoestima y seguridad le acompaña. Proyectan su energía a crear su realidad de una manera consciente, pero tambiéntienen la suficiente flexibilidad como para adaptar sus planes y cambiar sus metas cuando es necesario. Estas personas no se cierran al cambio y siempre están dispuestas a valorar diferentes alternativas, sin aferrarse obsesivamente a sus planes iniciales o a una única solución.

  4. Les caracteriza el buen humor. Las experiencias pueden observarse desde un prisma dramático, o como una comedia. Estas personas pondrán un toque humorístico a las situaciones intensas que hayan vivido, ya que para ellas son oportunidades de aprendizaje. Son capaces de reírse de la adversidad y sacar una broma de sus desdichas. La risa es su mejor aliada porque les ayuda a mantenerse optimistas y, sobre todo, les permite enfocarse en los aspectos positivos de las situaciones.

  5. Son honestas consigo mismas , es decir, no niegan las emociones que les afectan, dándose la oportunidad de sentirlas y aceptarlas en ellas porque entienden que el equilibrio entre todos estos sentimientos es lo que forma una mente sana y feliz, no el encubrirlos o hacerlos a un lado.

  6. No emiten juicios acerca de la conducta de los demás, son capaces de perdonar y perdonarse los errores, esto sobre todo por su capacidad de intuición, escuchan esa pequeña voz que les indica lo que sucede, no solo a su alrededor sino en su propio ser interior. 


¿QUIERES APRENDER A SER RESILIENTE?


Aprender a ser resiliente es un largo proceso y un camino hacia el Yo interior, requiere constancia, y sobre todo, mucho auto-conocimiento.


Saber cómo nos sentimos en cada momento es el primer paso para conocernos profundamente.


Por ello, os aconsejo que reservéis todos los días un tiempo para vosotros, para escucharos, para sentiros, para ver en qué punto os encontráis y de ahí, partid hacia adelante.  





PAUTAS PARA TRABAJAR LA RESILIENCIA  


  1. FORJARSE UNAS METAS. Es importante sentir un propósito en nuestra vida. Esto es lo primero a lo que debemos atender. Debemos ser sinceros con nosotros y saber hacia dónde queremos dirigirnos, sin juzgar si es posible o no hacerlo. Sin ver si eso es para nosotros o no. En este punto hay muchas emociones implícitas que frenan nuestros sueños, entra un tema de merecimiento.Una vez conocido ese plan existencial, enfocar nuestra energía hacia ese proyecto. Nos hará ilusionarnos y encontraremos una razón de vivir.

  2. ACEPTAR NUESTRAS EMOCIONES. Estamos muy acostumbrados a poner etiquetas a nuestras emociones y agruparlas como “buenas” o “malas”.  Os invito a ser conscientes con el vocabulario que utilicéis, intentando que sea más amable y poniéndolo a vuestro favor, ya que la palabra es una herramienta de gran creación.Una vez que nos hayamos permitido sentir rabia, tristeza, soledad... y cualquier emoción que no nos agrade, toca levantarnos y regular nuestros sentimientos, racionalizándolos primero hacia la aceptación y luego a la superación.

  3. ACTITUD POSITIVA Y AUTO-CONFIANZA. Mantener una actitud positiva ante la vida es una necesidad. Sabemos que en ocasiones no es fácil, pero lo que hoy te parece tan negro, poco a poco irá perdiendo intensidad, si te enfrentas a ello con fuerza y una actitud de autoconfianza de que PUEDES hacerlo. Todos disponemos recursos para afrontar la adversidad. Busca en ti, esfuérzate, quiérete y convéncete de que merecer ser feliz y de que vas a conseguirlo. En ello se esconde la clave de la resiliencia.

En mis talleres trabajamos con herramientas para poner en práctica todo esto y sacar el mayor potencial de ti mismo, convirtiéndote en tu mejor versión.



LA RESILIENCIA EN LOS NIÑOS


Si queremos que nuestros hijos afronten las dificultades de la vida con fortaleza es importante  educarles en la capacidad de ser resilientes, para ello es fundamental nuestro ejemplo, no sobreprotegerles y sobre todo creer en ellos. No se trata de evitar que se caigan, sino de enseñarles a levantarse, y para ello tenemos que confiar en que ellos pueden. Por supuesto, tampoco se trata de exponerles a peligros o ambientes agresivos “para que se hagan más fuertes”. Aportar seguridad y protección es necesario. Algo importante que podemos preguntarles a los niños cuando tienen un contratiempo si queremos que aprendan a  desarrollar la resiliencia  es ¿qué puedes aprender de esto? o ¿qué puedes sacar bueno de esto que ha ocurrido?  


Para terminar este post, quiero compartir con vosotros un cuento que deja muy claro todo lo que aquí hemos expuesto. 


CUENTO: EL BURRO EN EL POZO  



Un día el burro de un campesino cayó en un pozo. Su dueño, desesperado, trató durante horas de sacarlo, mientras el pobre animal no paraba de rebuznar con angustia.  


Al final, y después de mucho cavilar, el campesino decidió que, realmente, no valía la pena salvar al burro porque, además de que era muy viejo, el pozo ya se había secado y lo mejor era taparlo.   


Pidió a todos los vecinos del pueblo que le ayudaran a realizar esa tarea. Así, cada uno de ellos tomó una pala y comenzó a arrojar tierra al pozo para cubrirlo. En seguida, el burro se dio cuenta de lo que estaba pasando y comenzó con sus rebuznos de nuevo, presa del pánico.   


Al poco tiempo, y para sorpresa de todos, el burro se tranquilizó y dejó de rebuznar. Después de echar unas cuantas paladas de tierra, el campesino miró al fondo del pozo y quedó sorprendido ante lo que vio. 


Con cada montón de tierra que recibía, el burro estaba haciendo algo increíble: se la sacudía y se montaba encima de ella, dando un paso hacia adelante, consiguiendo de esta manera elevarse.   


Al cabo de un buen rato, todo el mundo comprobó sorprendido cómo el burro había sido capaz de llegar hasta la boca del pozo, saltar por encima del borde y salir trotando libre. 


En muchas ocasiones, las circunstancias que nos toca vivir pueden ser como paladas de tierra que quieren hundirnos. 


Recuerda: depende de ti que cada uno de los obstáculos suponga un escalón hacia la cima. Disfruta de la vida y... ¡sacúdete los problemas! 


Fotos:


Erick Tang en Unsplash

Green Chameleon en Unsplash

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