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EL MIEDO


Las emociones son los canales a través de los cuáles manifestamos la situación en la que nos encontramos anímicamente.


La palabra miedo, proviene del término latino “metus” y es una alteración en nuestro estado de ánimo que produce angustia ante un peligro o un eventual perjuicio, ya sea producto de la imaginación o de la realidad.





El Ser Humano tiende a catalogar cualquier aspecto de su vida como “bueno” o “malo”, así ocurre también con las emociones, clasificándolas en “emociones positivas” (alegría, amor) o “emociones negativas” (tristeza, rabia, miedo). Sin embargo, la principal función del miedo es la de alertarnos de un peligro potencial preparándonos para la acción. Gracias al miedo sentimos que una situación es amenazante y el cuerpo instintivamente se pone a nuestro servicio para luchar o salir corriendo. Según esta perspectiva, el miedo es un impulsor de acciones positivas.


Por todo ello, no debemos tratar de evitar el miedo, sino aprender a canalizar la energía y encauzarla de una manera óptima en lugar de malgastarla o perderla.


Uno de los problemas con los que nos podemos encontrar, es que muchas personas viven con sensación de miedo, pero no saben exactamente a qué. Identifican situaciones que disparan todas las alertas como si estuvieran en peligro, y simplemente se limitan a evitarlas, pero si no hay precisión en lo que se quiere evitar, no se encontrarán las alternativas de solución.


Otro problema común es cuando se vive en una situación de miedo constante y su origen es una ilusión. Cuando la persona no es capaz de discernir entre las situaciones que realmente son amenazantes y las que está creando ella misma, lo que sucede es que la realidad se convierte en un caos y así toda su vida se vuelve insegura.


Cuando el miedo deja de ser una alerta y se convierte en un sentimiento estable, entra a formar parte de la construcción del carácter y la personalidad, dando lugar a personas inseguras, temerosas, tímidas, siendo un rasgo de su personalidad la tensión permanente con la que abordan las relaciones. Cuando ese sentimiento se convierte en obsesivo, la persona enferma y no es capaz de tener el control sobre su vida.


¿Qué síntomas se producen en el cuerpo cuando sentimos miedo?


Esta emoción por lo general tiende a paralizarnos. Los síntomas provocados por el miedo suelen ser taquicardias, sudoración, palpitación, boca seca, temblores…


Antes de caer en una patología negativa como consecuencia del miedo, es necesario empezar por aceptarlo y examinarlo para determinar su origen y si está o no infundado.


COMO ABORDARLO EN LUGAR DE EVITARLO


Por tratarse de una emoción, debemos utilizar técnicas que nos permitan canalizar mejor posible las acciones respectivas. En mis talleres de LIBERACIÓN DE MIEDOS y SANACIÓN ARCOÍRIS trabajamos distintos métodos.


También puede ayudaros los postulados que plantea Susan Jeffers, autora del libro “Aunque Tenga Miedo, Siga Adelante”, que se expresan de la siguiente manera:


· El miedo nunca desaparecerá mientras, siga creciendo.

· La única manera de liberarse del miedo a hacer algo es hacerlo.

· La única manera de sentirme mejor es... enfrentarlo.

· No soy el único que siente miedo en un terreno poco familiar, les pasa igual a todos los demás.

· Vencer el miedo asusta menos que convivir con un miedo subyacente que proviene de la impotencia.

· Entender y encarar al miedo bajo estos postulados debe conducir, en lugar a un caos o una parálisis emocional, a una postura de autocrecimiento y aprendizaje.

Igualmente, Susan Jeffers, en el citado libro ofrece algunas sugerencias, que pueden ser útiles ante situaciones que generan temor, se exponen a continuación:


ESTABLEZCA SUS PRIORIDADES


Deténgase a pensar en lo que quiere conseguir en la vida. Para la mayoría de nosotros esto es muy difícil de descubrir, ya que nos han adiestrado a edad temprana para hacer lo que otros quieren que hagamos. No tenemos contacto con lo que realmente nos brinda satisfacción. Es importante recordar que los objetivos cambian sin cesar a medida que se avanza por la vida y que uno debe seguir revaluándolos constantemente. En cualquier caso, mediante la confusión se llegará finalmente a la claridad.

CONFÍE EN SUS IMPULSOS


Muy a menudo su inconsciente manda mensajes bien fundados sobre la elección preferible en determinado momento. Cuando empiece a prestarle atención a sus impulsos, le sorprenderá comprobar qué bueno es el consejo que se está dando a sí mismo.

NO SE OBSTINE... ¡CORRÍJALO!


Es muy importante confiar en cualquier decisión que uno tome y entregarse a ella. Pero si no resulta... ¡Cámbiela! Muchos estamos tan consagrados a tomar la decisión “correcta” que, aunque descubramos que no nos gusta el camino que hemos elegido, nos atenemos a él a toda costa. Lo que realmente es una locura. Tiene un valor enorme aprender que si a uno “no” le gusta algo, se trata, simplemente, de que hay que cambiar de camino.


Cuando se decida a variar el rumbo, será criticado a menudo por los que le rodean. Mucha gente se queda atascada en situaciones poco satisfactorias porque han puesto demasiado en ello y sienten que sería una pena desperdiciarlo.


En la vida, el secreto no está en preocuparse por haber tomado una decisión errónea: ¡Es aprender cuándo hay que corregirla!


Cuando canalizamos el miedo mediante acciones concretas, siempre existirá una mayor probabilidad de reducir los daños que pueden ocurrir. Si evitamos cualquier situación de riesgo también evitamos la posibilidad de crecer. Para que una vida sea más plena es necesario tener un poco de valor, asumir un poco más de riesgo en nuestras decisiones y aprender cada día tanto de nuestros aciertos como de nuestros errores.

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